El Gobierno austriaco rechaza una prohibición general de entrada de los rusos en la UE

La guerra será larga y en las cancillerías europeas hay miedo a que Putin pueda golpear a la Unión con crueldad. El Gobierno austriaco trata de tender puentes.

30 de Agosto.- Las primeras páginas de los periódicos austriacos están ocupadas con el escándalo de Wien Energie.

El debate sigue abierto ¿Se equivocaron los responsables de Wien Energie a la hora de evaluar la evolución posible del mercado? ¿Son víctimas, en cambio, de la escalada de los precios? (ante esto, cabría argumentar que la escalada de los precios ya se conocía antes?

Personalmente, uno piensa que ella sola se murió y entre todos la matamos. O sea, que esta es la típica situación que, en tiempos normales, no hubiera tenido mayores consecuencias (quizá algunos raspones en el balance de Wien Energie) pero que la escasez actual ha hecho aflorar de manera tan evidente como las torres desmochadas de las iglesias que yacían en el fondo de los pantanos asolados por la sequía.

Mientras tanto, la causa del problema, esto es, la guerra de Ucrania, sigue ahí. Los Gobiernos europeos, el austriaco entre ellos, tratan de arbitrar medidas para atajar un desastre previsible, pero cuya magnitud no se conoce aún.

EL VALOR DE LA PALABRA DE PUTIN

Si recuerdan mis lectores, empezamos este tema en diciembre del año pasado con cosas del tipo:

-Buenos día, soy Emmanuel.

-Qué Emmanuel.

-Macron.

-¿Y qué desea usted?

-Pues quería hablar con Vladimir, vaya, con Vladimir Putin ¿Se puede poner?

-Ahora le llamo.

-¿Da?

-Mira Vladimir, qué te iba a decir. Que estamos los vecinos preocupados porque se dice que quieres invadir Ucrania.

-Qué va, que va, que va ¿Qué invasión, ni qué niño muerto? Estos son unas maniobras.

Ya saben los lectores cómo acabó la cuestión.

Ahora, según parece, Vladímir Putin va a cortar el suministro de gas otros tres días.

Bueno, eso dice.

PUTIN Y LETICIA SABATER

Los Gobiernos europeos saben que la palabra de Vladímir Putin vale menos en estos momentos que el talento musical de Leticia Sabater. Saben que va a hacer el mal (lo está haciendo) para intentar doblegar la resistencia de los Gobiernos europeos. Saben que es previsible una victoria de la extrema derecha en Italia (extrema derecha que es, como todas, una cuña de Putin en el corazón de los Gobiernos europeos).

A toda prisa, tratan de darle a Putin las menos oportunidades posibles. Saben que van a tener un éxito relativo. Y saben también que la guerra va a ser larga. Que en estos momentos no hay ningunas posibilidades para la paz, porque los dos bandos enfrentados ya han llegado demasiado lejos.

Los Ministros de Defensa y Asuntos Exteriores se han reunido hoy en Praga -o sea, a tiro de piedra de Viena- para intentar afrontar la situación.

Algunos Gobiernos europeos son partidarios de prohibir la entrada de ciudadanos rusos en la Unión. En la actualidad, los rusos que quieren venir a Europa occidental -que son pocos- tienen que enfrentarse a un complicado papeleo.

El objetivo sería prohibirles la entrada totalmente al continente.

El Gobierno austriaco, a través de su ministro de exteriores, el excanciller Schallenberg, se ha mostrado contrario a la medida, aduciendo que sería injusto hacer caer sobre la población rusa una condena general (140 millones de condenados) lo cual significaría también condenar a las fuerzas -que las hay- que dentro de Rusia no están a favor de Vladímir Putin.

Por muy precarias y muy minoritarias que sean esas fuerzas, dice el Gobierno austriaco, no se les puede dejar en la estacada.

Además (esto no lo ha dicho el Ministro, pero me permito añadirlo) en algún momento podría llegar la paz, y parece prudente conservar al menos algunos vínculos con lo que pueda quedar de la sociedad civil después de décadas de propaganda militarista y ultranacionalista.

La Ministra de Defensa, Claudia Tanner, también ha desestimado (de momento) la participación austriaca en una misión militar de los 27 en Ucrania. El comisionado militar de la Unión, Robert Brieger, austriaco, además, ha dicho que todo dependería de la “voluntad política” de los socios comunitarios y que, a pesar de la neutralidad austriaca, los Tratados de la Unión prevén que se puedan establecer estas misiones en suelo europeo sin que, por lo menos jurídicamente, se violase la neutralidad austriaca, siempre que esas misiones fueran de “apoyo y formación”.

Quisiera terminar con una curiosidad.

A la hora de contar esta información, en Die Presse, periódico conservador, para no repetir el nombre de Josep Borrell, se han referido a él como “el español”. En Der Standard -en donde, sin duda, la noticia ha sido redactada por uno de esos austriacos que creen saber más de España que los españoles- Josep Borrell ha sido descrito como “el catalán”.

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