A media asta

La reina se ha muerto y la mayoría de los británicos está triste por ello. Curiosamente, en otras partes también se guarda luto. En Austria, por ejemplo.

13 de Septiembre.- Como todo el mundo sabe, la reina de Inglaterra, Isabel II, falleció la semana pasada, a una edad muy avanzada.

Para muchos británicos fue un trauma, porque no habían conocido otra jefa de Estado e, incluso muchos republicanos, expresaron sus condolencias por la pérdida de una personalidad que, como sucedía con el emperador Francisco José, parecía mantener pegada, con su sola presencia, las fragmentadas partes de un reino que, de unido, en los últimos tiempos, solo ha tenido el nombre.

El luto oficial por la soberana inglesa se ha extendido más allá del Canal de la Mancha y, mientras se hacen los preparativos para su entierro, ha habido de todo. Desde traducciones de la BBC de gente que no le ha visto al diccionario de inglés ni el forro hasta sentidos discursos de todólogos convertidos en expertos de la monarquía inglesa.

Naturalmente, la Reina, aunque solo sea porque ha sido una señora tenaz que ha estado tanto tiempo al pie del cañón, emitía un brillo dorado del que algunos políticos sin escrúpulos se han querido contagiar.

La presidenta del Gobierno regional de Madrid, por ejemplo, ha declarado tres días de luto oficial por la muerte de la reina, cosa que ha dejado bastante patidifusas a todas las personas con dos dedos de sentido común, al no tener la difunta (ni sus descendientes) otras vinculaciones con Madrid que el que David Beckham jugase en el Real ídem hace algunos años.

Que oye, que sí, que está muy bien ser sentido y eso, pero vamos, que sentir pa ná, es tontería.

Isabel Díaz Ayuso no ha sido la única sospechosa de querer aprovechar la ocasión para lograr un titular.

El Gobierno regional de Baja Austria, mediante la circular correspondiente, ha pedido al personal a su cargo que se ocupe de que, el día 19 próximo, cuando la reina sea inhumada junto a su santito, el duque de Edimburgo, la bandera austriaca cuelgue a media asta de los edificios oficiales.

Tan abracadabrante decisión -considerando, además, que Austria es una república y, por lo tanto, oficialmente alérgica a las testas coronadas– ha provocado cierta polémica.

Algunas voces autorizadas han puesto de relieve lo evidente, y es que, vale, que la reina era guay, y que hizo muchas cosas por los ingleses, pero que era una jefa de Estado a quien nadie había votado nunca y que, para más inri era la jefa de Estado de un país que ya ni siquiera está en la Unión Europea. O sea, para los efectos, y salvo por la serie The Crown, como si se hubiera muerto el emir de Bután.

Lo cierto es que las instrucciones no vienen del Land de Baja Austria, sino que han emanado del Gobierno Central, que ha pedido a todos los Länder, no solo a Baja Austria, lo de la media asta, para “rendir tributo a la labor de la Reina, cuya reputación traspasa las fronteras de Gran Bretaña”.

Amén.

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