El incidente Schwechat

De forma bastante probable, Rusia inutilizó intencionadamente los gaseoductos Nordstream 1 y 2. Hay quien piensa que hubo un precedente: en Viena.

29 de Septiembre.- Antes de empezar a contar lo que tengo que contar, me gustaría resaltar algo que, por obvio, suele olvidarse: cualquier acto terrorista es, ante todo y sobre todo, una confesión de debilidad de quien lo ejerce. Y, derivado de esto: cualquier acto terrorista tiene más éxito cuanto más difundido es. El terrorismo es, sobre todas las cosas, teatro. Un teatro negro y sangriento, pero un teatro. Y nunca ha conseguido cambiar una determinada situación. Para eso, hace falta algo más: por ejemplo que las ganas de cambiar sean transversales en toda la sociedad.

Dicho esto: a estas alturas, sabrán todos los lectores de Viena Directo que los gasoductos Nordstream 1 y 2 han quedado, de forma más que probable, inutilizados para siempre. Los destrozos se han producido mediante ataques de procedencia presumiblemente rusa, en aguas territoriales de la Unión Europea. Son claros actos de sabotaje y de venganza por las sanciones. Son ese momento en el que el animal herido se vuelve peligroso. Son, también, un mensaje dirigido a los Gobiernos de la Unión Europea, como la cabeza de caballo cortada en la cama del personaje de El Padrino: el texto del “telegrama” está claro. TENEMOS CAPACIDAD. STOP. PODEMOS HACERLO. STOP. ESTAMOS LOCOS. STOP. NO NOS DETENDREMOS ANTE NADA.

Así pues, dejad de mandar armas a Ucrania o nosotros seguiremos practicando la guerra sucia.

El terrorismo funciona, sobre todo, en la imaginación de la víctima. Basta un golpe primero, suficientemente doloroso, para que el resto sea cuestión de dejar al damnificado que imagine tormentos que nunca serán tan atroces en la realidad. Todos los maltratadores lo saben. Todos los atracadores saben que, para que la víctima entregue el dinero, hay que hacer creíble la amenaza de la navaja o de la pistola. Rusia quiere que sepamos que, si quiere, puede dejar a Europa del Norte sin internet, cortando el cable submarino que la lleva.

UN PRECEDENTE

Cada vez hay más voces que piensan que este ataque contra una infraestructura clave para la energía de la Unión Europea podría haber tenido un precedente. En Viena, precisamente.

En Junio, un incendio dejó la refinería de Schwechat inutilizada durante semanas. Los inconvenientes fueron enormes. La producción de hidrocarburos en Austria sufrió una fuerte bajada y la ministra de energía Leonore Gewessler tuvo que tirar de las reservas estratégicas para que no se produjeran problemas de abastecimiento.

La investigación sigue abierta, pero tanto la OMV, propietaria de la instalación, como la seguridad del Estado austriaco, rechazan que el incendio en la refinería fuera provocado de alguna manera -no se han encontrado pruebas de ello-. Expertos del servicio secreto piensan, sin embargo, que algo así sería muy típico de la estrategia que Rusia está tomando en estos momentos. Una combinación de desinformación, canalizada a través de los partidos de extrema derecha europeos y actos de sabotaje, para debilitar a los países de la Unión y “convencerles” de que las sanciones no son buena idea.

Además, sospechosamente, se produjeron incidentes similares en otras refinerías, a través, en estos casos, de ciberataques.

Para más inri, el incidente de Schwechat se produjo justo el día de una junta general de accionistas en la que se destituyó al jefe de la ÖMV, Rainer Seele, “casualmente” famoso por su cercanía a Rusia.

Inutilizar una infraestructura así, es relativamente fácil (y barato). Basta con introducir a un trabajador durante una operación de mantenimiento y que este introduzca en la red interna de la empresa un sotware malicioso que anule las alarmas. El resto, sale solo.

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