
Lo que parecía un “cese temporal de la convivencia” parece que es una discrepancia algo más profunda.
5 de Febrero.- En estos momentos, miércoles, cinco de febrero, alrededor de las ocho y media de la noche, las gentes que observan la política austriaca (como servidora) no saben demasiado bien a qué carta quedarse. Hasta hace veinticuatro horas, parecía que las negociaciones entre la derecha y la extrema derecha para formar gobierno iban, si no viento en popa, sí razonablemente. Sin embargo, ayer, un poco por sorpresa (y, sobre todo, un poco por sorpresa para los propios interesados) la cosa empezó a torcerse.
Todo empezó a las 18:35 cuando el Heute que, junto con el Österreich, pasa por ser el boletín oficioso de la extrema derecha, publicó que las negociaciones se habían detenido por el momento. Poco después, confirmó el Österreich.
A partir de aquí sigo la (jugosísima) reconstrucción de los hechos publicada por el Standard.
A partir de la aparición de los titulares, llamaron los ultras a los medios pidiendo explicaciones. Y se encontraron con que todo había partido de un mensaje que había enviado nada más y nada menos que Stefan Petzner (presunto novio de Jörg Haider hasta que a Haider le dio por morirse). Ha corrido mucha agua bajo el puente desde que Petzner, hecho una “viuda de España”, declaró ante la prensa que se le había muerto su Lebensmensch. Pero me estoy desviando.
Petzner explica luego que las negociaciones no se han interrumpido, sino que solo se han parado y que la noticia le ha venido del círculo más cercano de Kickl. Desde hace algún tiempo se dice, se comenta, “se rumoreda” que Petzner está asesorando (!) a Kickl.
A las siete de la tarde, se reúne la plana mayor del Partido Popular austriaco. Reunión de crisis.
¿Qué ha llevado a esta situación?
Pues una reunión entre las partes “negociantas” en la sede del grupo parlamentario del FPÖ, una oficina en la Reichsratsstrasse. A la reunión asisten Stocker (ÖVP) y Kickl con sus mesnadas respectivas. Los ultras no querían hablar de reparto de ministerios pero, según parece, los populares insisten. Sin duda quieren pillarles por sorpresa. No hay tal. Los ultras han hablado del tema y le ponen bien claritas las cartas sobre la mesa al FPÖ. Quieren seis ministerios seis: el ministerio de la cancillería, Interior, Finanzas, relaciones con la Unión Europea y sanidad, junto el ministerio de lo social, integración y deportes. El resto, se lo regalan al Partido Popular.
Para los ultras es una propuesta justa, los populares están que fuman en pipa.
Los populares, indignados, dicen (¿En serio? ¿Hasta qué punto?) que antes se congela el infierno que darle a los ultras el dinero, los servicios secretos y la posibilidad de enredar en la Unión Europea.
Los ultras sin embargo, no dan su brazo a torcer. O eso, o nada.
Los populares, según parece, caen del guindo y se dan cuenta (!!!) de que cuando los ultraderechistas hablaban de imponer un sistema autoritario en Austria hablaban absolutamente en serio.
Según parece es Kickl el que, bastante nervioso, sugiere una pausa.
Mientras el Partido popular está reunido, Kickl sale a la palestra (ya han corrido los rumores) para desmentir que pase nada (“circulen, aquí no hay nada que ver”). Los conservadores responden con un comunicado diciendo que sí, que hay bastantes cosas que ver y que las negociaciones están pasando por “una fase difícil”.
Hoy, miércoles, la situación, lejos de tranquilizarse, se encrespa todavía más.
Kickl, vía Facebook, explica que la ultraderecha quiere el ministerio de finanzas y el ministerio del interior, no por poder (nooooooo, claro) sino para poner orden en Austria, que está echada a perder (sobre poco más o menos).
Los populares entienden esto como una declaración de guerra y contestan, vía comunicado, que Kickl no está haciendo amigos, precisamente.
El Presidente de la República llama a Kickl y a Stocker al Hofburg, a consultas. Esta tarde le ha tocado a Stocker y mañana le tocará a Kickl.
Será mañana, como muy pronto, cuando se decida si la pareja Kickl-Sotcker tiene algún porvenir.
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