La mayoría de los refugiados de 2015 tiene hoy un trabajo

Hace 10 años, llegaron los primeros refugiados. El estereotipo que ha calado es que viven todos del Estado. Pero no es así (afortunadamente)

9 de agosto.- A finales de agosto de 2015, un domingo por la tarde, ya oscurecido, estaba yo en una carretera secundaria. Venía de la localidad de Burgenland en la que, entonces, pasaba algunos fines de semana. En un momento dado, una furgoneta que iba delante de mí, pasó por un tramo de carretera más oscuro, se detuvo y, a toda prisa, bajó un grupo de personas, entre las que pude distinguir a un hombre joven que llevaba un niño en brazos. Fue una imagen fugaz, pero no se me olvidará en la vida: eran los primeros refugiados que veía en mi vida.

Durante esos meses finales del verano de 2015, los austriacos empezaron a acostumbrarse a la imagen de las personas que, huyendo de los conflictos de Asia menor, en Siria y Afganistán, llegaban a Austria, después de pasar por la terrorífica Hungría, última estación de un camino que era una sucesión de crueldades.

Los refugiados, hace una década, cambiaron la fisonomía de las calles de muchas ciudades austriacas, entre ellas Viena y, aún hoy, siguen siendo parte del debate político. No solo del público, sino también del privado.

Hace unas semanas contaba yo en este mismo espacio el caso de una conversación en la que participé en la que un hombre me decía a mí que por qué tenía que pagar él por los refugiados. La sola pregunta demostraba que el estereotipo de los extranjeros, de los migrantes, pegándose la vida padre a costa del erario público, había calado hasta el punto de que todo el mundo piensa que todos los extranjeros que vinieron a Austria en aquellas épocas y sucesivas, viven a costa de los presupuestos del Estado.

Ahora bien ¿Es así?

Pues según publica el diario Der Standard, el estereotipo no se ajusta demasiado a la realidad aunque a primera vista podría parecer que sí.

Si se ve la estadística del contingente de personas desempleadas en Austria, más de un tercio corresponden a personas sirias. A primera vista, podría parecer un dato desalentador. Sin embargo, no se puede ver a las personas sirias como un grupo homogéneo, ya que muchas vienen y se van, sin que les dé tiempo a integrarse verdaderamente en el mercado de trabajo austriaco.

El AMS, o sea, la agencia de emplo pública del Estado austriaco, evalúa esta cuestión con otro sistema. Utiliza “grupos de control” representativos de los sucesivos contingentes de refugiados que han ido llegando a Austria. Al primero, pertenecen, por ejemplo, aquellos primeros que, andando desde Budapest, alcanzaban derrengados la Westbahnhof de Viena o mi amigo Habibi, que fue depositado en Stephansplatz por un desgraciado que luego se dio el piro, después de haberle sacado los cuartos.

La estadística demuestra que una gran mayoría de los sirios que llegaron entonces (un 57% tiene un sueldo como usted y como yo).Puede parecer poco, pero hay que aclarar que, de aquellos que llegaron entonces, hay un 22% que ya han salido del mercado laboral porque se han jubilado o, para su desgracia, se han muerto.

Otra cosa curiosa que muestran los datos del AMS es que el mercado laboral austriaco también se ha adaptado a estos nuevos trabajadores, los cuales encuentran una colocación muchísimo más deprisa que al principio.

Un dato no tan positivo es que, conforme fueron llegando personas a Austria y obtuvieron el estatus de refugiados, fue bajando el nivel de formación. En las primeras cohortes, las personas con formación elemental o sin formación eran un 16% mientras que en el último grupo de control, el que abarca los años 2022 al 2024, las personas con una formación más justita alcanzaban el 38%.

Esto se debe también a que la huida de las zonas de conflicto tiene mucho que ver con la cantidad de dinero que se podía pagar a las redes que sacaban a las personas de los países. Huyen primero, por tanto, los que más dinero tienen. Las clases más altas, o sea.

Otra cosa que hay que decir es que, como sabemos todos los que hemos emigrado, el tener unos estudios estupendos en el país de origen no tiene mucho que ver al principio con la probabilidad de encontrar empleo, siendo el factor decisivo el hablar mejor o peor el alemán.


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