
Las jubiladas en Austria cobran un 40% menos que los hombres. Esto conlleva que estén, por ejemplo, más expuestas a la pobreza.
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18 de Agosto.- Mañana, día 19 de agosto, se conmemorará en Viena el Equal Pension Day, o sea. Los jubilados (hombres) vieneses habrán recibido toda la pensión que las jubiladas recibirán hasta el día 31 de diciembre.
La diferencia entre la pensión media de un hombre y la pensión media de una mujer es de casi un cuarenta por ciento.
Los hombres cobran como media 2535 euros brutos al mes y las mujeres 1527.
El cálculo está basado en cifras públicas, de la seguridad social, y lo realiza el instituto de estadísticas austriaco, Statistik Austria.
Como media y según la cifra dada a conocer por el Instituto Momentum para la mujer, una cotizadora pierde, durante toda su vida laboral, 204.000 euros brutos de pensión acumulados.
Las mujeres pensionistas están en un mayor riesgo de exclusión y de pobreza que los hombres. Una pensión media neta austriaca es de 1674 euros netos, tan solo 13 euros por encima de lo que en Austria se considera el umbral de la pobreza.
La pensión de los jubilados varones está 300 euros por encima del umbral de la pobreza.
La diferencia entre los subsidios percibidos está desigualmente repartida en Austria.
Las que más cobran son las vienesas (mañana se conmemora el Equal Pension Day) mientras que las más pobres están en Vorarlberg.
Los jubilados de Vorarlberg recibieron ya el 13 de julio toda la pensión que sus contemporáneas recibirán durante todo el año.
Las causas de la diferencia están muy claras y he insistido sobre ellas en este espacio, siempre que se ha dado la ocasión.
Las mujeres, en Austria, cobran menos de lo que cobramos los hombres. Esto se debe a que, como también he dicho muchas veces, la inmensa mayoría de las personas que trabajan a tiempo parcial son mujeres.
La sociedad espera de ellas que interrumpan -y, a veces, terminen- su vida laboral para cuidar de los hijos. Después del periodo de baja maternal, que en Austria suele durar entre un año y medio y dos, son minoría aún las mujeres que vuelven al trabajo a tiempo completo con las consecuencias, fácilmente deducibles, sobre sus cotizaciones a la seguridad social.
Un factor que contribuye a esto también es la carencia de plazas de guardería públicas y asequibles, que obliga a muchas mujeres a hacerse cargo de sus hijos si no cuentan con otras soluciones (por ejemplo, la familia, como en España).
Aquí también cabría aducir que el peso de esa responsabilidad y de esa exigencia suele recaer en las mujeres y los hombres, por lo general, no se sienten concernidos.
Por otro lado, la superestructura ideológica en la que vivimos -eso que suele llamarse “el patriarcado”– orienta a las mujeres a realizar trabajos que, con frecuencia, están peor pagados.
Son mujeres, mayoritariamente, las que trabajan en el sector de los cuidados, en la hostelería y en el comercio, ramas profesionales que están tradicionalmente peor pagadas.
Los hombres han enseñado a creer a las mujeres que son más empáticas, más abnegadas, más sacrificadas. Parafraseando a Shakira, que es mejor que lloren y no que facturen.
Por último, las mujeres cobran menos porque no existe la necesaria transparencia salarial. Es un secreto a voces que las mujeres están peor pagadas que los hombres haciendo los mismos trabajos. En las ofertas, el precio es el mismo (suele ser el mínimo que rige en el convenio colectivo) pero cuando llegamos al espinoso tema de la negociación, las cosas se suelen torcer en detrimento de los intereses de las mujeres.
El Instituto Momentum da ideas para solucionar este estado de cosas. Por ejemplo, que se compute en la pensión el tiempo dedicado a la crianza de los niños, que los padres tengan que cogerse baja paternal obligatoriamente (para desincentivar el que las mujeres sean vistas como empleadas de calidad B).
Por último, me gustaría mencionar que, en los últimos tiempos, ha habido en Austria un intenso debate sobre el trabajo a tiempo parcial. Desde el Gobierno se daba la impresión de que había mucha gente que trabaja con jornadas reducidas por pereza y no por las necesidades expuestas más arriba. Se hablaba de hacer pedagogía sobre las consecuencias en la pensión del trabajo a jornada reducida. Personalmente, no creo que haga mucha falta.
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