
El Gobierno austriaco se ha mostrado prudente al valorar lo sucedido en Venezuela, aunque ha habido excepciones también.
4 de enero.- Como suele suceder en estos casos, tras el ataque a Venezuela por parte del Ejército de los Estados Unidos, reina un cierto desconcierto en las cancillerías internacionales.
El ataque es ilegal se mire por donde se mire, desde el punto de vista del derecho internacional. Los Estados Unidos han actuado fuera del entramado de instituciones (el consejo de Seguridad de la ONU, por ejemplo) que ellos mismos contribuyeron a fundar despues de la segunda guerra mundial.
Se trata de un movimiento más de la diplomacia (por llamarla de alguna manera) de la administración Trump que hay que interpretar (también) en clave de política interior estadounidense. Un año después de haber llegado a la Casa Blanca la economía del país no va, ni mucho menos, mejor que con Joe Biden. A pesar de las promesas de Trump, la famosa decena de huevos sigue igual de cara y los índices de popularidad del Presidente están por los suelos.
En cualquier caso, a nadie en Europa le interesa sobrerreaccionar y es por eso que, mientras la caída del dictador Maduro ha sido saludada unánimemente como un hecho beneficioso para la Humanidad (lo es), los ministerios de exteriores europeos, salvo pocas excepciones, se han cuidado muy mucho de condenar ni la intervención estadounidense ni las condiciones funestas bajo las que se ha producido.
Y es normal. Mañana por la mañana Donald Trump puede decidir que Suecia es un narcoestado o que la Unión Europea practica la censura o que el Reino Unido es incapaz de detener por sí mismo una ola de inmigrantes musulmanes enfurecidos que amenaza la Iglesia Anglicana y mandar a la sexta flota. Así que la consigna es que calladitos estamos todos más guapos.
¿Y aquí, en Austria?
El canciller, Stocker, en nombre del Gobierno austriaco, ha denominado lo sucedido “Entwicklung” (desarrollo) buscando una palabra deliveradamente ambigua y descargada de connotaciones y ha llamado a “las partes en conflicto” a la “desescalada”. También ha recordado que la carta de las Naciones Unidas y el Derecho Internacional deben ser respetados.
También se ha declarado solidario con “el pueblo venezolano” y ha recordado que la Unión Europea nunca ha reconocido el régimen de Maduro ni los resultados de las últimas elecciones de 2024, por lo cual el mencionado régimen carecía de legitimidad democrática.
Beate Meinl-Reisinger, de los Neos, se ha manifestado de una forma similiar. Ha llamado a la intervención estadounidense “escalada militar” y ha llamado a la calma a las partes enfrentadas, al objeto de “evitar más sufrimiento”. Los Neos han valorado negativamente en otras ocasiones el comportamiento errático de la administración Trump y se han manifestado en contra de su (cazurra) política de aranceles. Por supuesto, han condenado la dictadura de Maduro en numerosas ocasiones.
El socialdemócrata Babbler, que no tiene ninguna responsabilidad en la política exterior austriaca, ha condenado enérgicamente la intervención militar de los Estados Unidos que viola, según Babbler, la carta de las Naciones Unidas. Babbler ha sido generalmente muy duro con la política exterior americana y (demasiado) tolerante con el régimen chavista. Llegó a encontrarse con el propio Hugo Chávez en 2006, durante su etapa en las juventudes socialdemócratas.
Como era esperable, los Verdes han condenado lo sucedido en Venezuela en parecidos términos.
De quien no hay reacción ni se la espera, es de la extrema derecha austriaca, seguramente porque los ultras austriacos se encuentran en plena sintonía con Donald Trump y figuran como los máximos valedores de su política antisistema, que también comparte con el autócrata ruso, Vladimir Putin.

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