
El Gobierno va a bajar el IVA a los productos de primera necesidad, pero está siendo bastante complicado ponerse de acuerdo en definirlos.
20 de enero.- Es triste decirlo, pero es verdad: el Gobierno austriaco es mucho mejor que su reputación. Mientras que Herbert Kickl chilla histéricamente y pide cabezas y dimisiones y nuevas elecciones para contentar a sus fieles, consciente de que la próxima oportunidad puede ser la última -Kickl tiene ya una cierta edad- lo cierto es que el Gobierno en ejercicio lidia razonablemente bien con unas condiciones muy difíciles en todos los órdenes. Especialmente, en el económico.
El déficit público, debido a las difíciles circunstancias de la economía internacional -la guerra de Ucrania y el sopitipando diario de Donald Trump- le deja muy poquito márgen de maniobra para tomar medidas que puedan ser vendibles en las encuestas. Y, sin embargo, lo que podría haber sido un completo gallinero -de hecho, la extrema derecha vaticinaba un gallinero- no está siéndolo en absoluto, sobre todo considerando que es difícil conciliar los intereses de tres partidos que, como es lógico, tienen diferentes visiones de la realidad.
Los tres líderes de los partidos del Gobierno se reunieron, como es ya uso y costumbre, en un discreto hotel para congresos en las cercanías de Viena, en la localidad de Mauerbach, y de ahí salió la medida estrella para tratar de luchar contra la inflación (inflación que, de todas formas, siendo alta, parece estar moderándose en las últimas oleadas de datos).
De esa reunión salió la decisión de aplicar una medida que ya ha dado muy buenos resultados, por ejemplo, en España: la reducción del IVA a una cesta de la compra llena con productos de primera necesidad.
El reto es definir qué es un producto de primera necesidad. Y, de hecho, el Gobierno está todavía en la tarea de definir una lista de productos. Según las primeras noticias que se tienen de esto, estarían incluidos en la lista del IVA reducido la leche, los huevos y algunas verduras pero, llamativamente, la carne no estaría incluida -los austriacos, sobre todo los más pobres, consumen cantidades considerables de carne-. Para muchos, que la carne no esté incluida en los productos de primera necesidad, casi una afrenta. Para otros, sin embargo, la lista de productos de primera necesidad resulta todavía demasiado poco vegana.
El asunto no es de ninguna manera frívolo ni carente de importancia, por una sencilla razón: somos lo que comemos y comer es un acto altamente ideológico. Hay mucha gente que interpreta esta cesta de la compra con IVA reducido como lo que quizá solo es de forma indirecta, esto es: como una recomendación del consumo de determinados productos en detrimento de otros.
También están en juego intereses económicos y muy particularmente los de la industria de la carne, a la que no le interesa, como es lógico que, mientras otros productos bajan de precio, los productos cárnicos sigan soportando el IVA normal y, por lo tanto, su consumo se vea desincentivado.
No en último lugar están los ganaderos, los cuales, no lo olvidemos, son una de las columnas que sostienen al Partido Popular austriaco. Defienden estos que una reducción de precios sobre los productos de primera necesidad debe estar apegada a los hábitos de consumo de la gente y, por supuesto, según los ganaderos, la carne austriaca no puede faltar.
Los ganaderos, por cierto, respiran por la herida. Y es efectivamente el cambio (lento) de hábitos y la competencia más barata que viene de otros países europeos próximos, así como la amenaza que ven en Mercosur, lo que les hace pensar que si el Gobierno no baja el IVA de la carne, puede ser otro clavo en el ataud de un sector que vive ya bastante bajo presión.
Y, sin embargo, una de las causas de muerte prematura es el consumo inmoderado de carne y de azúcar. Un austriaco medio se come la barbaridad de 58 kilos de carne al año. Y la carne, de hecho, es tan barata, que se ha convertido en el alimento de los pobres, lo mismo que los alimentos ultraprocesados y las bebidas fuertemente azucaradas. Desde el sistema sanitario se pide a los políticos que suban los impuestos sobre el azúcar y sobre la carne para que la gente se piense dos veces comprar productos más caros y alimentarse de forma más sana.
Los más progresistas ven esta reducción de impuestos como una “oportunidad histórica” para modelar los hábitos alimenticios de la población, favoreciendo alternativas vegetales que no solo son buenas para la salud sino que también son buenas para el planeta.
El debate, como puede verse, tiene unas implicaciones mucho más profundas de lo que pudiera parecer.
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