Y en tu empresa ¿Hay teletrabajo?

En países como Austria, la media ya es de 2,7 días de trabajo remoto a la semana. El teletrabajo ha llegado para quedarse

21 de octubre.- En estos días se cumplen siete décadas desde que se inauguraron las emisiones regulares de Televisión Española. Por aquel entonces, el estudio era poco más grande que el salón de mi casa -no muy distinto, por cierto, del de la ORF por la misma época- y las emisiones, para un parque reducidísimo de televisores, se efectuaban desde un chalé sito en el madrileño Paseo de la Habana -entonces, en la quinta puñeta-. Televisión Española era, entonces, una división enana de Radio Nacional de España y de ella dependía su presupuesto. Hoy, de todos es sabido, la cosa es al revés.

Con motivo de esta conmemoración se ha emitido estos días un telediario conmemorativo y una de las piezas iba de la pandemia. La CoVid nos trajo muchas cosas, no solo el descubrimiento de que una parte de nuestros contemporáneos eran (son) unas personas crédulas, dispuestas a tragarse cualquier trola. Sino también, y de eso va el artículo de hoy, el teletrabajo.

Durante los confinamientos, yo ocupaba el mismo despacho con una compañera, y nos alternábamos para no contagiarnos. Un día ella, otro día yo. Una semana, trabajaba ella tres días y yo dos. La siguiente “a la viceversa”. Dejando a parte lo tremendo de la causa, la verdad es que nuestro trabajo podía hacerse perfectamente desde casa (era un trabajo de oficina, administrativo). Si uno de los dos estaba en casa y necesitaba alguna cosa física (por ejemplo un documento que tuviera que ser enviado por correo físico) llamaba por teléfono a quien estuviera en la oficina y andando.

Cuando se terminaron los confinamientos y pudimos volver a la oficina, la empresa que recoge los sudores de nuestra frente consideró que el teletrabajo era una cosa llevadera y que aumentaba en general la satisfacción de los empleados. Eso sí, se redujeron un poco los días y así seguimos hoy.

En casi todas las empresas de Austria -en la mía también- se produce una tensión que es parecida a la que se producía en las casas en nuestra adolescencia, cuando nuestros padres nos decían que teníamos que estar en casa a las once so pena de que ardiera Troya y nosotros llegábamos un día a las once y diez, otro día a las once y cuarto y finalmente a las once y media, estableciéndose un statu quo en el que los padres tendían a hacer la vista gorda ante la impotencia de imponer su voluntad estrictamente.

Así, en las empresas, los jefes, sobre todo los que son más de la vieja escuela, quisieran que los empleados estuvieran en la oficina todos los días, para hacerse así la ilusión de que les controlan y de que están todo el día como en Ben-Hur, en modo boga de ataque. Los empleados, sin embargo, piensan que en Homeoffice se trabaja tanto o más que en la oficina -hay menos distracciones y que los temores de los jefes son ridículos.

En Austria, después de la pandemia, los trabajadores trabajan 2,7 días por semana desde casa. En algunas empresas más, en otras empresas mucho menos. En general, hoy por hoy, el teletrabajo se ha asentado en la cultura de la mayoría de las empresas grandecitas, hasta el punto de que incluso los jefes más recalcitrantes han tenido que claudicar, porque cuando se reducen los días de teletrabajo, la gente tiende a emprender el vuelo y dejar la empresa. El día de teletrabajo (por lo menos) se ha convertido en algo tan usual como la media jornada del viernes. Incluso se da el caso de que, si existe algún impedimento, en la mayoría de las empresas los jefes hacen la vista gorda si un trabajador, por lo que sea, se ve obligado a trabajar desde casa un día más de lo establecido.

Según publica hoy el periódico Der Standard, los expertos piensan que la vuelta completa al trabajo presencial, sobre todo en los trabajos que conllevan un ordenador, es en estos momentos un mito. En el fondo porque las empresas ahorran costes que asume el trabajador trabajando desde su casa.

Personalmente, en la empresa en donde trabajo, tenemos un día de trabajo a la semana. No es mucho, pero es mucho mejor que no tener nada. A mí me gusta, en cualquier caso, ver a mis compañeros y creo que es útil cuando compartimos tiempo en la oficina, porque la información circula y muchas veces, a la hora de la pausa del café, uno se entera de cosas útiles para su trabajo que, de otra manera no hubiera sabido. Creo que la situación actual es un agradable término medio.

En el artículo del Standard de donde saco estos datos, se dice también una cosa curiosa: el día en el que más gente va a trabajar es, estadísticamente, los martes, en donde el 72% de las mesas están ocupadas. Los viernes, en donde el efecto Homeoffice se junta con terminar a eso de las dos de la tarde, solo va a trabajar un 34% (de nuevo, estadísticamente).

Los expertos vaticinan que esta tendencia continuará en el futuro y que es probable que las oficinas de dentro de veinte años sean mucho más pequeñas que las actuales. Entre otras cosas porque los trabajos cambiarán con la irrupción de la inteligencia artificial.

Por si no te ha dado tiempo de leerlo todo (*)

A raíz del 70º aniversario de Televisión Española y la emisión de un telediario conmemorativo sobre la pandemia, el texto reflexiona sobre cómo el teletrabajo o Homeoffice se ha consolidado en el ámbito laboral moderno, centrándose en la realidad de Austria. A pesar del deseo inicial de algunos directivos por el control presencial, el trabajo remoto se ha vuelto imprescindible para mantener el talento, reducir costes operativos y equilibrar la vida de los empleados, augurando oficinas más pequeñas en el futuro debido a la inteligencia artificial.

Tres ideas principales

  • Consolidación e irreversibilidad del teletrabajo: La vuelta total al trabajo presencial se considera un mito; en Austria, los empleados trabajan una media de 2,7 días desde casa, convirtiendo el Homeoffice en un beneficio fundamental para retener el talento.

  • Tensión entre el control directivo y la flexibilidad laboral: Existe un choque cultural entre jefes tradicionalistas que buscan control presencial y empleados que defienden mayor productividad sin distracciones, derivando en un punto medio donde las empresas suelen flexibilizar sus posturas.

  • Reducción de costes y evolución del espacio físico: Las empresas ahorran costos operativos al delegar gastos en el trabajador, mientras que el uso de oficinas varía notablemente según el día (máximo de ocupación los martes con 72% y mínimo los viernes con 34%), perfilando oficinas más pequeñas a futuro.

(*) resumen obtenido por IA


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