La Twitoteca o el archivo de la idiotez universal

movilDe cómo internet ha fagocitado a un político español imprudente en un santiamén y de la importancia, en Austria o España, de responsabilizarse de lo que uno dice.

17 de Junio.- Querida Ainara (*) : parece como si la realidad hubiera querido darme la razón en lo referente a mi última carta, en la que te hablaba de la migración que ha propiciado la tecnología entre el terreno de lo que antes pertenecía al juego y lo que es territorio de lo serio.

Un concejal del nuevo ayuntamiento de Madrid lo ha aprendido dolorosamente. El buen hombre ya se veía como “responsable de cultura” pero hete aquí que la oposición, que tiene, estoy seguro, a varios becarios medio muertos de hambre buceando en las cloacas de internet, ha desenterrado un “twit” en el que el señor contaba un chiste despectivo.

Dejemos aparte la hipocresía que supone lo de crucificar a alguien por practicar,de manera pública, el pasatiempo al que se entregan todos los españoles en lo privado. Pongo solo dos ejemplos: el terrible atentado que dejó gravemente herida a Irene Villa y a su madre dio, en mi infancia, para muchos chistes macabros que circulaban en voz baja entre mis condiscípulos (y que usted, lector, si tiene mi edad, seguro que conoce, no ponga esa cara de escándalo); más tarde, no llevaban las Torres Gemelas de Nueva York ni diez minutos hechas un amasijo de escombros cuando ya empezaron a circular chistes a propósito del nombre de la mujer de Bin Laden (Estrella Torres, se llamaba la señora). En fin.

En este asunto se juntan varios asuntos muy típicos del tiempo en que vivimos.

Por un lado, la falta de inteligencia (mejor, de picardía) del señor en cuestión, que no solo es suya, por cierto (al igual que la manía de hacer chistes de color negro oscuro). La gente no se da cuenta de que internet es un espacio público (por mucho que uno tenga las opciones de seguridad del Facebook alicatadas hasta el techo) y se dejan entontecer por la ilusión de privacidad que les ofrece el telefonino mientras lo usan en esos diez minutos que todos usamos diariamente para cumplir con la naturaleza.

O sea: la mejor regla para esto: si no quieres que alguna vez se sepa, no lo twitees.

Por otro lado, también la pérdida de peso de la palabra en nuestra sociedad. Aún cuando yo era chico se decía de alguien que tendía al pundonor que era “una mujer/un hombre de palabra”. Eso que en alemán se dice tan bonito de estar uno “detrás de sus palabras”. O sea, responsabilizándose de lo dicho y huyendo en todo momento de la frivolidad.

El caso de este señor, además, ha desatado lo que en Austria se llama una shitstorm, en la que los “hunos” se han puesto a exhumar cosas de “los hotros” en frases de la forma: “Si X ha tenido que dimitir por un twit por un chiste antisemita Y habría tenido que dimitir por decir que las víctimas del franquismo son unos quejicas”. Y en ese plan. O sea, una nueva edición de nuestra gilipollez consuetudinaria. Nada nuevo bajo el sol.

Internet, Ainara, ha significado, básicamente, que todos nos hemos convertido en personas públicas aunque solo sea porque nuestras opiniones más nimias llegan, gracias a la red, a un montón de personas más que antes.

Antiguamente, si uno decía una tontería, se quedaba a lo sumo en el círculo de sus interlocutores o, si sus interlocutores se iban a su vez de la lengua con sus amistades, se corría la voz de que uno era un simple y sanseacabó. Hoy, no solo se dice un numero igual de idioteces que antes sino que, además, quedan grabadas y, por lo tanto, fuera de nuestro control.

¿Dimite la gente por esto en Austria? Los más cazurros de entre los políticos austriacos, los de la ultraderecha, tienen un largo historial de cazurradas en internet. (aunque antes de que ningún lector se me alborote, también los de izquierdas, cuando hablan sube el pan). Ninguna, claro, antisemita, pero últimamente por ejemplo sí que hay muchas a propósito de inmigrantes y refugiados. No dimite nadie ni piden disculpas. Quizá debieran, pero el caso es que no lo hacen.

¿Se dará cuenta la gente alguna vez de que divulgar cosas íntimas en internet no es gratis? Lo dudo mucho. El ser humano (tu tío, que lleva tanto escrito y publicado) es bocazas por naturaleza y “de la abundancia del corazón hablan los labios”. Aunque quizá habría que decir de la abundancia del cerebro. Como la crisis del sistema educativo ha venido a agravar la estupidez básica de nuestra especie, hay un número nada despreciable de personas sin dos dedos de frente, con lo cual es probable que estas cosas, en el futuro, menudeen.

Espero que tú escarmientes en cabeza ajena y aprendas a tener cuidado.

Besos de tu tío,

(*)Ainara es la sobrina del autor


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