
Se habla mucho de las empresas austriacas activas en suelo ruso, pero es poco conocida la importancia del dinero ruso que llega a Austria. Un montón de dinero.
20 de Abril.- En febrero de 2022, hace ahora más de dos años, la Federación Rusa, llevada por una borrachera imperialista y ultranacionalista que llevaba gestándose por lo menos desde principios de siglo, invadió la República de Ucrania.
El mundo cambió desde entonces. La invasión desató una verdadera tormenta geopolítica e hizo saltar por los aires parte del orden político mundial.
Lo que en principio había sido planeado por el Kremlin como un llegar y besar el santo, se ha convertido entretando en una guerra de desgaste que, como sucedió con la guerra civil española, es en realidad un enfrentamiento entre dos maneras de ver el mundo: la de las democracias liberales, representadas por los Estados Unidos y la Unión Europea, y las de los países autoritarios, con diferentes matices dentro de los gobiernos dictatoriales.
Ante la violación del derecho internacional que supuso la invasión, las democracias, especialmente las de la Unión Europea, se movilizaron y consiguieron crear un frente común que, desde entonces, y utilizando todos los medios a su alcance (sucios y más sucios) la Federación Rusa ha intentado fragmentar.
Propaganda, ciberataques, sobornos a políticos (especialmente a aquellos de la extrema derecha, que estaban de por sí muy dispuestos a ser sobornados), sabotajes varios y, como hemos sabido, espionaje.

Desde el principio, las democracias intentaron yugular los flujos de dinero a Rusia para tratar de gripar el motor de su maquinaria de guerra y forzar la salida de las empresas europeas de la Federación.
En esto, justo es admitirlo, el éxito ha sido moderado.
Por falta de voluntad de las empresas y también por los obstáculos burocráticos que Rusia ha puesto. A saber: todas las empresas que quieran vender sus activos en Rusia y desinvertir allí tienen un precio de venta tope que corresponde a la mitad del valor de los activos en venta y, además, deben contar con la luz verde de los funcionarios rusos.
Como es normal, los rusos no dan su brazo a torcer tan fácilmente.
Entre las empresas austriacas que se están resistiendo más a salir de Rusia esta la división internacional del Raiffeisen Bank. A pesar de las sanciones, la rama rusa del RB obtiene jugosos beneficios del mercado ruso, de manera que está retrasando su salida todo lo posible.
Pero si bien se habla de las empresas austriacas en Rusia, un tema más desconocido y mucho más opaco es el de las inversiones rusas en Austria.
Según informes oficiales del Ministerio de Economía austriaco, conocidos estos días y citados por la prensa austriaca, Austria es el segundo país europeo al que llega más dinero ruso. En concreto 26 millardos de dólares. Chipre, tradicional nodo de distribución del capital ruso en Europa ha recogido inversiones por valor de (atención) 205 millardos de Euros.
Austria es, pues, un mercado muy importante para los flujos monetarios rusos en Europa. Flujos que, en el caso austriaco, no se han reducido desde que empezó la guerra de Ucrania, sino que no han hecho más que aumentar.
Las estadísticas oficiales no permiten reconstruir a dónde exactamente va el dinero.
Lo que sí que se sabe es que, en gran parte de los casos, sale del país igual de rápido que entra. Por lo menos dos tercios de esos 26 millardos de dólares, entran por un lado y luego no se sabe a dónde van.
Se supone que son flujos monetarios que, en parte, va a parar a las divisiones europeas de consorcios rusos. Por ejemplo, la petrolera Lukoil, la división austriaca de Gazprom (hoy en quiebra) o la filial austriaca del Sberbank la cual, entre tanto, ya no está en manos rusas.
Lo que está claro es que los informes oficiales sobre inversión extranjera dejan abiertas más preguntas de las que responden. No se sabe quiénes son los hombres de Putin en Europa ni cuáles son sus vinculaciones con su régimen criminal. Y, dado que es dinero de lo que hablamos, es poco probable que llegue a saberse. Quizá para cuando llegue ese momento, sea demasiado tarde.
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