9 palabras alemanas que te pondrán del hígado

BerlínUna de las señales definitivas de que estás integrado en Austria es que hay una serie de cosas que no podrás escuchar y permanecer impasible.

Para L.T. y J.P.

17 de Enero.- Viena. Una de la noche. Un concurrido club de la capital que el Danubio abraza, situado en un marco-incomparable-de-belleza-sin-igual.

Al lugar no le falta un pere(z)gil: su puerta (guardia de seguridad) borde procedente de alguna región belicosa del sudeste europeo; sus “moelnos” que fingen que se deleitan con una “música” para cuyo disfrute hay que estar necesariamente drogado, sus “moelnos” que radiografían con los ojos a las “moelnas” que quisieran llevarse al gemusegarten, sus moelnos que se dan el palo con sus moelnas sin que nadie piense en expulsarles con cajas destempladas, sus proyecciones en las paredes…En fin: uno de esos placeres que la vida nos regala de vez en cuando.

Estaba yo con unos amigos tomándome una cervecilla cuando empezamos a hacer un recuento de todas las palabras (alemanas, de Alemania) que hacen que nos suban las transaminasas.

Y es que, señora, como ya se ha convertido en un lugar común, el español que aprende alemán en Austria, casi necesariamente, se convierte en un talibán del idioma, y le parece que lo que hablan más arriba de Munich es una especie de falsificación especialmente diseñada por los de Cruella de Merkel para atacar a los nervios de los pobres que vivimos más al sur.

Hagamos pues una lista de las cosas que, infaltablemente, aparecen en esas películas para chicas en esos días del mes con las que Til Schweiger se ha convertido en uno de los hombres más ricos de su país.

En estos flines, también conocidos como pinículas, invariablemente, Til Schweiger, cuando su amada le ponga las maletas en la rúe y empiece la acción de la película dirá algo como:

-Oh Mist!

Si, cinco segundos después, mientras Til Schweiger pone cara de sufrir un problema de tránsito intestinal que no se resolvería ni con cincuenta kilos de Actimel, pasa un coche, dicho vehículo pisa un charco y le salpica poniéndole pingando, el famoso actor de Friburgo dirá, para desesperación de sus admiradores austriacos:

-Verdammt nochmal!

Si dicho televidente austriaco consigue vencer el enorme perezón que le produce tal sarta de “Piefkismos” (esto tiene un nombre que luego diré) y el no menos enorme que le produce la difícil dicción de Til Schweiger, podrá observar cómo el atlético actor, para recuperar fuerzas y conducirnos así al nudo de la trama, se acercará a un kiosko callejero en donde pedirá, invariablemente, una Currywurst (modalidad germánica de descompensar irremediablemente la frágil química de los ácidos gástricos), le dará tres mordiscos y dirá:

-Oh, Lecker!

Expresión ante la cual, los televidentes austriacos más intolerantes le tirarán a la televisión un zapato y dirán:

Es schmeckt gut! ¡Mastuerzo! ¡Se dice “Scmeckt gut”!

En el curso de la trama, Til Schweiger, después de esto, se encontrará, casi con toda seguridad, con una niña (probablemente, su hija Emma). Tendrá con ella una escena en la que demostrará que su personaje es machote, pero sensible (aquí, las mujeres en un momento hormonal conflictivo lo fliparán con Til, y Til lo sabe, que para eso es el productor de la peli y ha metido el cazo en el guión). La niña le contará alguna de sus desgracias y él, mientras la escucha con la misma cara del paso uno (la del Actimel) dirá:

-O Mann!

Suspirará el televidente austriaco.

Pasado estos momentos, invariablemente, sucederá ese tipo de montaje, copiado de las películas americanas, en donde Til Schweiger y la niña en cuestión se lo pasarán bien en un parque, por ejemplo, tirándose un frisbi mientras un perro juguetón corre detrás de dicho artilugio volador. Cuando la niña consiga atrapar el frisbi, Til Schweiger dirá:

-Klasse!

Y claro, su televidente austriaco estará ya rociándose el cuerpo con gasolina e irá a la cocina a buscar una cerilla. La encenderá si, en otro momento, cuando Til Schweiger, por ejemplo, entre en el apartamento que su amigo (la figura cómica de la historia) le ha dejado en Berlín para que ponga su saco de dormir y, al ver el apartamento (invariablemente, un loft) Til Schweiger mira en derredor y dice:

O Man! Krass! Wirklich Klasse –Til, hay que ser sádico, colega. Tres «tontás» de estas en la misma frase.

Cuando la historia vaya a terminarse y Til Schweiger recupere el amor, le pedirá a la camarera del lugar en donde haya quedado con su ex para reconciliarse con ella un Apfelschorle o, mejor, un Kaffe, con acento en la A. y le dirá que ha sido muy doof (tonto) en vez de explicarle, como haría cualquier persona normal, que ha sido a bissl Deppat.

En fin, fuera de bromas, a los típicos germanismos, los austriacos los llaman Piefkinesisch (de Piefke, alemán, y Chinesisch, chino). Puede que el nombre tenga su origen en esta historia que ya conté aquí, en Viena Directo, hace unos días.

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6 Responses to 9 palabras alemanas que te pondrán del hígado

  1. Heladio de limón dice:

    Paquito, ¡chiquitín! No sabía que nos habías salido un tio «sensillo» al que le gusta la música clásica. Que seas más o menos «moelno» me la trae al pairo, pero señalar a esas personas de <>, te has tenido que quedar a gusto. En estos tiempos que corren, ¿podrías corroborar que en el lugar que estuvieras con tus amigos tomándote una cervecilla, no había ni una pizca de cosa fina? Oida, das geht mir auf den Sack 🙂

    • Paco Bernal dice:

      Hola Heladio! Naturalmente que había muchas cosas finas (nosotros, sin ir más lejos 🙂 si no, no hubiera estado yo allí 🙂 Un saludete 🙂

  2. Sandra dice:

    Ay Paco!!!!,tu eres como un flotador que me lanzan cuando me he olvidado de nadar!!!.Estaba yo hablando de esto mismo con una amiga alemana que no se lleva bien con su propio idioma,ella cree firmemente que quien inventó las reglas de gramática lo hizo para fastidiar al resto del mundo y que nadie con dos dedos «denfrente» pusiera los pies en Alemania…..Claro que mi amiga,vive en Tenerife y de allí no la sacan así explote el Teide y ya es más tinerfeña que yo.Yo estoy muy feliz con el alemán que se habla en innsbruck,porque aquí a los tiroleses les trae al Föhn,si una palabra va en dativo,acusativo…Así yo puedo decir que como el pobre Michael Jackson,mi alemán no es ni blanco,ni negro,ni tiene color 🙂 y me disculpo con un:Ah!,perdone usted,es que yo vivo en Tirol y si no me entiende,@echele la culpa al Föhn.Un abrazo

  3. Jaime dice:

    Me has alegrado el lunes. Qué arte, mi arma! Como dirían en el twitter, me he eslolao tol rato!

  4. Pedro dice:

    Me he reído mucho, Paco. Klasse! Alles Prima! [risa macabra].

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