
Varias destacadas personalidades de la política austriaca han encontrado su jubilación dorada en empresas de la Federación Rusa. Muchos han hecho declaraciones a favor de Moscú.
23 de Febrero.- Tengo que reconocer que una de mis diversiones favoritas es la Wikipedia.
Uno empieza en un artículo y, tirando del hilo, llega a sitios que nunca hubiera sospechado.
Mi excursión por la Wikipedia de hoy ha empezado, como siempre, con una curiosidad. Di que he leido que el político (o expolítico) más slimfit de la política austriaca, el ex canciller Christian Kern, ha hecho unas llamativas declaraciones oponiéndose a que le sean aplicadas a la Federación Rusa sanciones por la violación del derecho internacional que ahora mismito está perpetrando en Ucrania.
Violación que podría provocar la tercera guerra mundial.
¿Por qué, he pensado yo, ha dicho esto Christian Kern, que es un hombre con la cabeza tan bien amueblada y, por lo menos ideológicamente, tan opuesto Vladimir Putin?
Investigando he descubierto que la Federación Rusa (y, sobre todo, los grandes consorcios de la Federación Rusa) son grandes “cementerios de elefantes” en donde muchos políticos austriacos, entre ellos Christian Kern, viven una jubilación dorada. Quienes les contratan, por lo visto, cuentan con que sus contactos “suavicen” determinados tratos.
Supongo que a buen entendedor bastan pocas palabras.
Así, Christian Kern, según mis noticias, en 2019, participó en el Foro Económico Internacional de San Petersburgo, en donde ya se pronunció públicamente en contra de las sanciones internacionales al Gobierno de Moscú por la invasión de la Península de Crimea.
Sus “servicios” fueron recompensados pronto. Desde ese año, Christian Kern es miembro del consejo de administración de los ferrocarriles estatales rusos (RzhD) en donde seguramente ha podido poner en valor su experiencia en la ÖBB, y también presidente del European China Business Council.
Wolfgang Schüssel, canciller de la República austriaca entre 2000 y 2007 en sucesivos gobiernos (!Ay, aquellos tiempos en que los cancilleres nos duraban tanto!) dejó pasar un tiempo antes de que los oligarcas rusos se fijaran en él y le “ficharan”. En 2018 entró en el consejo de administración de la compañía de telefonía móvil rusa MTS y un año más tarde en el de la petrolera rusa Lukoil. No se sabe si le quedará tiempo para tocar el acordeón, el piano, la guitarra y el violonchelo. Estas y otras aficiones dice la Wikipedia que le sirven para descansar del trabajito que le cuesta ganarse los rublos.
Sus clientes deben de haberse olvidado del poco ojo que tiene Johann Gudenus, antaño delfín del FPÖ y defenestrado tras el escándalo de Ibiza, para reconocer a sobrinas de oligarcas rusos.
Gudenus, el hijo (político) predilecto de Strache, fue siempre la correa de transmisión entre el Gobierno de Moscú y la extrema derecha austriaca. El amor era mútuo. Gudenus habla ruso (estudió en la Academia Diplomática de Viena) y es un firme convencido de que “Eurosodoma” como el entourage de Vladimir Putin llama a la Unión Europea, no puede acabar bien.
Oficialmente, es un creyente oficial en la familia de toda la vida, en el hombre-hombre, en la mujer-mujer, y abomina de todas la modernidad (por lo menos, desde que vive a caballo entre Moscú y Viena).
Oficialmente, después de que los acontecimientos le expulsaran de la política, Johann Gudenus vive de aconsejar a inversores a la hora de ejercer sus actividades en la Federación Rusa y en lejano oriente.
La ex ministra de Asuntos Exteriores austriaca (en aquel momento independiente, pero propuesta por el FPÖ), Karin Kneissl, es una mujer discreta, pero se hizo famosa por una foto que causó en Austria la lógica estupefacción.
Kneissl se casó mientras era Ministra e invitó a su boda nada más y nada menos que al mismísimo Señor Oscuro, Vladimir Putin. Putin, de sus tiempos en el KGB, habla alemán perfectamente, y es visitante frecuente de Austria (lo era, por lo menos), ya que le gusta mucho esquiar en los Alpes austriacos.
Puede que ahí fuera en donde conoció a Karin Kneissl.
¿Y la foto? Naturalmente, el premier ruso bailó con la novia, la cual, al final, le hizo una reverencia, un “plongeon” que quedó inmortalizado por los reporteros presentes. En la foto casi se puede tocar la complacencia de la entonces ministra y se puede apreciar también la media sonrisa de Vladimir Putin.
La boda también trajo su pequeña polémica, porque fue el Ministerio de Asuntos Exteriores austriaco el que, parece ser, se hizo cargo de los costes de seguridad de la estancia de Vladimir Putin durante esta ocasión que era, a todas luces, privada.
Tras la caida del Gobierno de coalición del FPÖ y el ÖVP tras el escándalo de Ibiza, Karin Kneissl, que ha sido vista por muchos observadores como “un caballo de Troya de Vladimir Putin en la Unión Europea”.
Desde hace un año aproximadamente, Karin Kneissl tiene un puest(az)o en el consorcio petrolífero ruso Rosneft, en donde, según parece, gana medio millón de dólares al año.
Pero no solo Rusia ha ayudado a los políticos austriacos a ganarse las habichuelas.
El que fue jefe del ÖVP austriaco, Michael Spindelegger (conocido entre sus íntimos por el juguetón apodo “Spindi”) tuvo también un intermezzo ucraniano.
En 2015, Spindelegger trabajó para la llamada “Agencia para la Modernización de Ucrania”. Esta Agencia fue impulsada por el oligarca ucraniano (prorruso) residente en Viena Dimitri Firtasch.
Sobre Firtasch pesa una orden de detención de los Estados Unidos por lavado de dinero y otros delitos de la misma índole. Fue detenido en España y extraditado a Austria, en donde se confirmó su entrega a los Estados Unidos. Entrega que todavía no se ha hecho efectiva, por cierto.
Firtasch siempre ha dicho que las acusaciones que pesan sobre él son debidas a su posición (a favor) con respecto a la anexión rusa de la Península de Crimea.


Deja una respuesta