¿Será ella la rival de Alexander van der Bellen?

 

En la política austriaca ha surgido un nuevo personaje. Tiene la ventaja (para su jefe) de que jamás le arrebatará el liderazgo, y no solo por ser desconocida.

4 de Abril.- Cuando el productor americano David O. Selznick empezó con la preproducción de Lo que el Viento se Llevó, le faltaba por resolver un problema de importancia capital: no contaba con la actriz protagonista del papel por el que todas las actrices de Hollywood de entre veinte y sesenta años suspiraban.

Era, sin duda, un gran problema y él lo resolvió convirtiendo la necesidad en virtud.

Convocó una pruebas (un “casting”) al que se presentaron miles de mujeres y tuvo buen cuidado de darle mucha publicidad a ese casting.

Concluyó, con buen criterio, que anunciar el casting crearía en el público un vínculo con la película que llevaría a la gente a las taquillas de los cines.

Dentro de unos meses tocan las elecciones a nuevo presidente de la República austriaca.

El ocupante actual del cargo, Alexander van der Bellen, no se ha pronunciado aún, y no se sabe si se presentará (todo el mundo lo desea, primero porque Van der Bellen ha demostrado ser un hombre que ha combinado la sensatez, el sentido de Estado y la Humanidad a partes iguales , y después porque al contrario de lo que sucedía con Escarlata O´Hara, hay muy pocas personas que quisieran comerse el marrón de ser Presidente de la República en estos momentos).

Varios partidos (los socialistas, los Neos) ya han anunciado que, si van der Bellen se presenta a presidente, le apoyarán y no presentarán un candidato propio.

Como suele suceder, en esta y en otras cosas, la extrema derecha va por libre.

Como saben o pueden suponerse los lectores, a quienes considero observadores atentos de la realidad austriaca, Herbert Kickl no puede ver a Alexander van der Bellen ni en pintura.

La historia de una rivalidad

De hecho, se podría decir que Herbert Kickl es el reverso tenebroso de Alexander van der Bellen. Y donde el Presidente es conciliador, el líder ultraderechista gusta de sembrar la discordia y la cizaña. Y donde el jefe del Estado es un amante de la ciencia, Herbert Kickl es un amante de los desparasitadores caballares.

A esta incompatibilidad de caracteres se suma, además, que por decisión personal de Alexander van der Bellen, Herbert Kickl fue el primer ministro de la Historia de Esta Pequeña República destituido por el Presidente.

Aún no se lo ha perdonado.

Herbert Kickl ha tenido en público palabras muy denigrantes para con Alexander van der Bellen. Manifestaciones a las que, obviamente, Alexander van der Bellen no ha descendido a contestar.

Un candidato ultra (¿O candidata?)

La fuerza ultraderechista anunció bien pronto que presentaría a las elecciones a la presidencia a un candidato propio.

Al principio, con su ambigüedad, Herbert Kickl alimentó incluso la ilusión de que sería él mismo el contrincante de VdB. Sin embargo, Kickl lo ha negado (probablemente, para no sufrir la humillación de perder delante de una persona a la que le tiene tanta inquina).

Al mismo tiempo, Kickl tiene otro problema: al haber ido eliminando a todas las personas que hubieran podido competir con él por el liderazgo del FPÖ, Kickl ha terminado rodeado de segundones o, en el mejor de los casos, de figuras con un peso equivalente al suyo, como Haimbuchner, que no quieren sin embargo bajar al barro y terminar con una puñalada en el espacio intercostal (en sentido figurado, como es natural).

De esta manera, Herbert Kickl se ve en la obligación de crear prácticamente de la nada una figura con la suficiente relevancia como para presentarla junto a Van der Bellen pero que, al mismo tiempo, no tenga en ningún momento la posibilidad de arrebatarle el liderazgo del partido.

La elección parece haber recaido en Susanne Fürst. Una jurista que, por otra parte, es prácticamente desconocida para el gran público.

Fürst, de la que es probable que oigamos hablar mucho en los próximos meses, tiene para Herbert Kickl una ventaja fundamental.

La ultraderecha austriaca -como casi todas las ultraderechas- es como el brandy Veterano, “cosa de hombres”. Sería más probable que el infierno sufriese una ola de frío que el que una mujer hiciera en la extrema derecha austriaca el papel que Pamela Rendi-Wagner hace en la socialdemocracia.

Así pues, siguiendo el manual David O. Selznick, Herbert Kickl ha empezado a ceder espacio a Susanne Fürst para irle creando un perfil ante la opinión pública austriaca.

Hoy, por ejemplo.

Recordarán los lectores de Viena Directo que el Tribunal Constitucional austriaco dictó sentencia la semana pasada a favor del Gobierno y de la ley menos seguida de la Historia de Austria. O sea, la que consagraba el confinamiento para no vacunados.

El alto tribunal dijo que la medida había sido conforme a derecho y, además, que había sido proporcional y de acuerdo con la información científica disponible.

Había sido uno de los caballos de batalla del FPÖ, como todas las cosas relacionadas de cerca o de lejos con los antivacunas o con el negacionismo.

Días después -lo cual ya es suficientemente llamativo, en una organización con tantos reflejos como el FPÖ- Susanne Fürst ha pedido los nombres de los magistrados que votaron a favor y en contra de la medida.
Susanne Fürst también ha criticado la decisión del tribunal (“grosera”, “indigna”, etc) y ha cargado (ha vuelto a cargar) contra la vacunación obligatoria.

Ya sabemos, parece, por dónde van a ir los tiros de la próxima campaña electoral.

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