Romy Schneider, 40 años de la muerte de una mujer libre (4)

Romy Schneider hubiera cumplido este año 84. Hace cuarenta exactamente que nos dejó. Esta es su historia.

La primera parte de esta historia está aquí

La segunda parte aquí

La tercera, aquí

2 de Junio.- Cuando Romy Schneider se estableció en París no sabía que estaba a punto de acometer una tarea titánica.

Cualquiera que haya intentado hacer teatro en un idioma que no es el suyo es capaz de darse cuenta de lo difícil que es. Hacer teatro supone utilizar muchísimos recursos relacionados con la palabra: las pausas, los tonos, el ritmo. Eso es difícil para los hablantes nativos y todavía más difícil para alguien que aprenda el idioma de mayor, como le sucedió a Romy Schneider.

Por si esto fuera poco, la vienesa no era nadie en el panorama teatral francés. Tenía a su favor, eso sí, una respetable carrera cinematográfica, pero ya se sabe que los actores de teatro suelen mirar a los de cine bastante por encima del hombro.

Personalmente, los primeros tiempos en París tampoco fueron fáciles. La carrera de Alain Delon -que jugaba en casa, no lo olvidemos- había tomado impulso. El antiguo descargador de camiones del mercado central de París iba de un proyecto a otro. Guapo, castigador y cada vez más rico. Romy Schneider no podía sino mirar con envidia el éxito de su pareja.

La suerte de nuestra protagonista cambió gracias a Lucchino Visconti (de nuevo algo que podía pasar en la Europa de 1960 pero que pasa muchísimo menos en la Europa actual, a pesar de que en apariencia haya muchas menos fronteras). Visconti le ofreció ser pareja teatral de Delon en una obra de John Ford. Romy se esforzó en pulir su pronunciación francesa y tomó clases particulares y la noche del estreno, el 29 de marzo de 1961, con la platea rutilante de estrellas como Ingrid Bergman o intelectuales como Jean Cocteau, fue la de su consagración.

Romy Schneider contó después que para ella, que nunca había disfrutado de una educación artística, Visconti fue padre y maestro. Un maestro muy duro a veces, pero que le mostró las ventajas de la disciplina y la autoexigencia.

Aquel mismo 1961 Visconti la dirigió para el cine en Boccaccio 70 y Romy Schneider hizo una larga gira teatral con La Gaviota, de Chejov, que fue su último papel teatral. Subida en una ola de éxito, trabajadora incansable, Romy Schneider se encontró con otro titán de la cinematografía mundial, Orson Welles.

El director de Ciudadano Kane, un exiliado de la industria cinematográfica americana por su fama de problemático, la dirigió en una adaptación de El Proceso, de Kafka, junto a Anthony Perkins. Para interpretar en Los Vencedores a una violinista y resultar convincente, tomo clases con un violinista profesional. Su partenaire en la cinta, George Hamilton, dijo que estaba convencido de que, si el papel lo exigiese, Romy Schneider atravesaría a nado el Canal de la Mancha.

Otro austriaco, Otto Preminger, le dio un papel en El Cardenal (1963) en donde volvió a coincidir en una película con su padre, Wolf Retty. Por este papel, Romy Schneider fue nominada a un Globo de Oro (perdió frente a Leslie Caron).

En 1963, Romy Schneider también rodó su primer film en Hollywood (Préstame a tu marido, con Jack Lemon). Sin embargo, como sería una constante a lo largo de su vida, mientras en lo profesional las cosas iban viento en popa la vida privada de Romy Schneider era una catástrofe. Su relación con Alain Delon se rompía debido a las infidelidades de él, particularmente con la actriz Nathalie Barthelemy, que terminó casándose con el galán.

La ruptura con Alain Delon supuso un intento de suicidio y una pausa que se rompió en 1964 (y hubiera sido mejor que no se hubiese roto).

La película iba a llamarse L´Enfer (El Infierno). Un título profético (o gafe). El partenaire de Romy Schneider enfermó y el director se murió de un infarto. La película no llegó a terminarse.

En 1965, Romy Schneider volvió a rodar a los Estados Unidos,esta vez con un guión de Woody Allen. Dos “Peters” (O´toole y Sellers) le daban la réplica. La película se llamaba “What´s new, Pussycat?”

Romy Schneider no lo sabía, pero estaba a punto de iniciar otro tramo de su vida.

 

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