Los despachos y los campos de fútbol

La virulencia de la batalla por la dirección de la ORF da idea de lo codiciado que es el puesto.

11 de Junio.- En estos momentos, las personas que estamos atentas a la actualidad austriaca no perdemos ripio de lo que está pasando en el cuartel general de la ORF. Como hubiera dicho aquel, el asunto no es menor, sino que es mayor, dado que la radiotelevisión pública austriaca es uno de los centros de poder más codiciados en el país. El que controla la ORF y, con ella, las noticias más vistas del país, controla también (o aspira a controlar) el modo en el que Esta Pequeña República se ve a sí misma. Y no solo eso, sino que puede tomar posiciones para el futuro.

Hoy se está desarrollando el llamado “hearing”, o sea, la asamblea que, en último término, tiene el poder de elegir al futuro director (o directora de la ORF) está escuchando a las propuestas de los candidatos.

Por turno, los aspirantes y la “aspiranta”, de la que ya hablamos en este espacio, han ido pasando el examen que consiste en exponer qué quieren ellos para el futuro de la ORF. Después, han contestado las preguntas del tribunal que les examina.

El aspirante con las mejores cartas es un tal Pig (pobrecito, qué vida escolar más mala ha tenido que pasar). Se dice, se comenta, “se rumoreda”, que Herr Pig es el candidato que han acordado el canciller, Stocker y el vicecanciller Babler (el poder en la ORF parece que es “cosa de hombres”, así que los que están en la pomada no mencionan para nada a Beate Meinl-Reisinger la cual, en principio, está al mismo nivel que estos otros caballeros). Pero bueno.

El caso es que el que Herr Pig parta como favorito también le ha hecho blanco de la agresividad del delegado del FPÖ para destruir la ORF desde dentro: Peter Westenthaler.

EL SOLDADO WESTENTHALER EN SU PUESTO

La carrera de Westenthaler resume un poco la historia de la extrema derecha austriaca, con sus noviazgos, sus divorcios, sus puñaladas traperas y sus reconciliaciones no menos traperas. O sea, un juego de granujas en donde gana el que es más desconfiado. Peter Wesenthaler es un superviviente que ha navegado bien por estas turbulentas aguas.

Puede presumir de que mientras muchos de sus rivales han quedado por el camino (algunos, literalmente, han muerto) él sigue ahí, vivito y coleando, y sirviendo, sin importarle lo marrullero de los métodos, a la causa a la que siempre ha servido: esto es, la suya propia.

Hace un par de años, en algún cenáculo, Peter Westenthaler abandonó las tinieblas exteriores en donde había estado durante un par de años y, suponemos, después de hacer profesión de lealtad a Herbert Kickl, fue colocado por el FPÖ en el consejo que rige los destinos de la ORF.

No dejó por ello sus labores de tertuliano en una televisión de la competencia, la de la familia Fellner, boletín oficioso de los ultras.

En la ORF, la misión que parece haberse marcado Westenthaler es doble: por un lado, convertirse en un amplificador de polémicas más o menos banales, de esas con las que la ultraderecha y la prensa amarilla fabrican los escándalos que les ayudan a rellenar de material sus canales de comunicación. Por otro lado, hacer méritos de cara a una eventual victoria (y posterior gobierno) de la extrema derecha. Méritos que le permitirían, siempre en su calculadora mente, llena de compuertas secretas y escaleras ocultas, llegar llegar a algún puesto más o menos importante, en forma, por ejemplo, de ministro de propaganda del “nuevo régimen” (Dios lo evite).

El personaje tiene, además, un lado mamporrero y un automatismo que le hace portarse en todas las reuniones a las que asiste como esa vecina mala que hay en todas las comunidades y que te amenaza con prenderle fuego a tus sábanas como las tiendas tapando un centímetro de la ventana de su cocina.

Después de todo lo anterior, comprenderá el lector que hoy, para Westenthaler, es un día de gran fiesta. Ha salido al ruedo a lucirse. A ser el muerto en el entierro, la novia en la boda y el niño en el bautizo.

Mientras todos los demás preguntaban más o menos comedidamente, Westenthaler, en palabras de uno de los candidatos (las reuniones se desarrollan a puerta cerrada) “ha confundido la comisión con un campo de fútbol”.

Muy imbuido en su papel y en la farisea indignación que los ultras sienten hacia la ORF, Westhentaler ha llegado a decirle a uno de los candidatos, AL candidato, o sea, al Sr. Pig, “Putz dich”, algo así como “que te follen”. Y es que los ultras traen con gusto a los altos despachos el sano viento del pueblo (mejor dicho, “la ventosidad” del pueblo).

Si Pig gana, como puede ser que gane, Westenthaler podrá siempre ir a su vomitorio habitual, o sea, la tertulia de Fellner, y decir que la comisión estaba amañada y que ha ganado el candidado “del partido único” (como en el Fpö llaman a todos los partidos que no son ellos).

Mientras escribo esto, el “hearing” continúa y es probable que no se sepa el resultado hasta bien entrada la madrugada. Mañana, al despertarnos, sabremos la noticia.


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