Hombres, mujeres y Mou (2)

Fpoe-2453
A.V.D.

 

¿Quieres estar en el ajo de todo lo que se cuece en la política austriaca? No dejes de leer este post.

Viene de aquí.

22 de Marzo.- El anterior artículo de esta serie, en realidad un largo preámbulo, trataba de establecer los dos tipos de liderazgos extremos que se dan actualmente en la política austriaca. Nos interesaba, particularmente, el comentario que brota espontáneamente de la boca de cualquier observador cuando analiza la evolución del FPÖ en las últimas semanas, desde las últimas elecciones regionales celebradas en Austria: las de Carintia y las de Baja Austria. O sea: “esto, una mujer no lo hubiera hecho nunca”.

Antes de seguir, vamos a ponernos en situación. Tanto en Carintia como en baja Austria, el FPÖ mordió el polvo, al recibir del electorado un durísimo castigo. En el caso de Carintia de una manera especialmente dramática ya que, prácticamente desde la aparición en la escena política de Jörg Haider, a principios de los noventa, Carintia había representado en el contexto austriaco un bastión de la derecha populista. Al principio, bajo las siglas del FPÖ, con Haider al frente.

Hasta entonces, el FPÖ había sido un partido minoritario que, después de la última guerra mundial, había agrupado a los partidarios del tito Adolfo que no habían conseguido reciclarse reintegrándose en las dos grandes formaciones hegemónicas que propició la intervención de los aliados (SPÖ y ÖVP). Haider tuneó la formación, le cambió el color del logo, del marrón –demasiado obvio- a un azul mucho más americano; rejuveneció su imagen a base de consignas revisionistas, sexo y simpatía; y atacó fuerte por el flanco de la propaganda. Todos conocemos el resultado. El FPÖ y el ÖVP gobernando en coalición bajo la batuta del canciller Schüssel.

A partir de 2005 –justo, curiosamente, al mismo tiempo en que el cardenal Ratzinger ascendió en su empresa y cambió su nombre por el de Benedicto XVI-  la ultraderecha austriaca se parte en dos: empieza la borrascosa convivencia del macho alfa Haider con el pretendiente a macho alfa, HC Strache. Por último, a partir del fallecimiento de Haider, Strache, aplicando las recetas del muerto, se constituyó en el único gallo del gallinero.

Durante dos décadas, la ultraderecha construyó en Carintia el típico sistema clientelar. Cuando falleció Haider, mascarón de proa y principal ideólogo del sistema, la maquinaria  tuvo que aprender a funcionar por sí misma. Tarea que a la postre se reveló como casi imposible. Al ser Haider lo que podríamos llamar un “líder eucalipto”  (no dejaba crecer a su sombra ningún liderazgo que pudiera amenazarle) , la falta de su guía supuso un duro golpe para sus subordinados, ninguno de los cuales contaba con la rapidez mental, la inteligencia, la capacidad de trapicheo y, en definitiva, el carisma, del político muerto.

Tras algunos meses de compás de espera, el BZÖ, escisión de la ultraderecha fundada por Haider y que solo se mantenía con vida gracias a él, tuvo que buscar una salida a la situación. Los hermanos Scheuch que, después de un breve interregno se habían hecho con las riendas del partido, entablaron relaciones con Strache . Se escenificó la vuelta de los ultras de Carintia a la casa común y el BZÖ quedó para exprimirle al fantasma de Haider la poca rentabilidad electoral que le quedaba  y para irse disolviendo, como un terrón de azúcar en un vaso de agua. Para Strache fue un golpe maestro. No sólo cobijaba bajo su marca a la parte más imporante de la ultraderecha austriaca sino que, además, recibía del Estado la parte de las subvenciones que le correspondían en concepto de Club (nomenclatura un tanto frívola que esconde a los “Grupos parlamentarios” españoles). Esto es: en el parlamento nacional, en proporción al número de diputados con que contaba la formación, y en la propia Carintia (según mis cuentas, algo menos de dos millones de euros anuales). Los meses siguientes a la unión (aunque quizá federación sería una palabra más adecuada para describir el pacto que se estableció) entre el FPÖ y el FPK fueron dorados para Strache. Con los fondos frescos procedentes del FPK , Strache se lanzó a una infatigable carrera propagandística. Folletos, carteles, apariciones públicas. Llegó a alcanzar un treinta por ciento de intención de voto. Los (otrora) grandes partidos, empezaron a pensar en un futuro en el que tendrían que medirse con el FPÖ de igual a igual. Borracho de euforia, Strache se presentó a la alcaldía vienesa y rompió la mayoría absoluta de Häupl, el cual tuvo que aliarse con Los Verdes –Die Grünen– una alianza que, desde entonces, no deja de darle dolores de cabeza.

Sin embargo, como suele suceder, los éxitos de Strache no hicieron más que tapar los problemas de fondo, los que han terminado por estallar y que, hoy por hoy, le quitan el sueño y le dan material a los analistas políticos con el que ganarse la nómina.

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