La palabra del año en Austria

Ilustración obtenida por IA (Dream Studio AI)

2024 está haciendo chimpún y ha llegado el momento tan esperado de la elección de la palabra que definirá estos últimos 365 días.

 

EL Maestro Juan Martínez – Cuarta Parte

5 de Diciembre.- Cuando yo era pequeño, con seis, con siete años, una de las cosas que más me sorprendían y que más me intranquilizaban también era que había sentimientos, sensaciones, que eran incomunicables, porque no había ninguna palabra para decirlas. Lo que no se puede decir es como si no existiera, porque  no se puede compartir. Pero es que lo que no se puede decir ni siquiera se puede pensar. Las fronteras de nuestro mundo son las palabras que conocemos. Quizá por eso, por estar conscientemente encerrado en esa cárcel, cuyos muros son mi vocabulario, soy un gran fanático de aprender palabras nuevas, recordarlas, memorizarlas. Entre todas las cosas que me definen, que más me gusta hacer en el mundo, está la de nombrar las cosas con precisión. Y es que me parece que cuando aprendo una voz nueva desplazo, aunque solo sea un milímetro, los muros de la prisión en la que estoy metido.

Todos los años aprendemos, por fuerza, palabras nuevas, y las inventamos. Todos los años hay palabras que se ponen de moda. Todos los años, deciden cuál ha sido para ellos la palabra del año (Wort des Jahres). También, desde hace un cuarto de siglo, se elige su hermana malvada, la palabra mala (Unwort) des Jahres, así como la palabra del año para los jóvenes, la frase del año, que destaca por su ingeniosidad, y la mala frase del año, que lleva al idioma a la oscuridad.

La Sociedad que convoca la encuesta tiende al progresismo (nada hay que delate más la preocupación por el progreso de la Humanidad que el querer hablar bien) y, dado el carácter popular de la elección, la cosa suele saldarse con no poca guasa.

Este año la palabra del año ha sido “Renaturierung” (O sea, “renaturalización”, que se tradujo al castellano como “Restauración de la Naturaleza”).

Recordará quizá el curioso lector, la curiosa lectora, el pitote que montó la Ministra de Medio Ambiente austriaca, Leonore Gewessler, cuando utilizó su voto de oro y, gracias a él, se aprobó la famosa ley europea.

Ella sabía que, saltándose de esa manera el escalafón y votando en contra de la opinión oficial de su Gobierno, les quitaba a los verdes todas las cartas para participar en el próximo gobierno austriaco pero, al mismo tiempo, estaba clarísimo que aprobar la ley era lo éticamente correcto y lo más consecuente con su ideología.

Así que esta palabra del año es un homenaje, de alguna manera, al coraje de la ministra.

El palabro (Unwort) del año es “Volkskanzler” o “canciller del pueblo” título que antes de Herbert Kickl llevó Adolf Hitler, personajes ambos con no pocas semejanzas, también en lo filológico. Ambos políticos, el vivo y el difunto, se caracterizan por su oratoria incendiaria y, por qué no admitirlo, por sus pocos escrúpulos. Del muerto sabemos cómo acabó, a Kickl, para nuestro mal, todavía le queda cuerda.

La palabra de los jóvenes para 2025 es la muy austriaca “heast”, muleta y vocablo de regusto popular. Quién no ha oido una sabrosa conversación salpimentada de “heast” esto y “heast” lo otro.

La frase positiva del año es “Lugner ist inmörtal” que juega con el mote que tenía Richard Lugner (recordemos, dobló la servilleta meses atrás) al que llamaban Mörtel (hormigón).

La frase negativa es una que fue la comidilla durante las elecciones últimas, quizá porque era manchar de mierda y cargar negativamente un verso del Padre Nuestro, ese “hágase tu voluntad” transformado en “Hágase vuestra voluntad” (Euer Wille Geschehe) con el que el FPÖ tapizó las vallas y las tapias de Esta Pequeña República durante la campaña que (de momento) no le llevó al poder.

En el podio de las aspirantes a palabra del año se han quedado “chatGPT”, el modelo de inteligencia artificial generativa y “Swiftie” por los fanes y las fanas de la cantante americana que vino a actuar a Viena y se fue de vacío.

Entre los palabros estuvo nominada “Remigration” (Remigración), uno de los vocablos más asquerosos de la extrema derecha.

Dicho todo esto, una cosa es segura: que, si Dios quiere, cuando se acabe 2025 habremos aprendido palabras nuevas que serán el reflejo, bueno y malo, de lo que pase.


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