Españoles famosos en Austria

Calle suspiroHoy ha muerto la duquesa de Alba y, sorprendentemente, los medios austriacos han prestado atención (poquita) al suceso.

20 de Noviembre.- en los primeros años de la transición y hasta los primeros años de mis veinte, la fecha de hoy era aún recordada por la gente mayor como el aniversario de la muerte de Franco. Aunque ha habido en este día otras muertes “ilustres” como la de Jose Antonio Primo de Rivera o la de Buenaventura Durruti. Conforme fue pasando el tiempo, la fecha fue perdiendo impacto y lo que, durante los últimos setentas eran manifestaciones concurridas, pero heridas ya por el pestazo de la naftalina, al final solo eran reuniones a las que siempre iban los políticos franquistas que aún sobrevivían (cada vez más gagás, afectados ellos también por lo que, durante el franquismo, se llamó “hecho biológico”, un eufemismo que se inventó para no mencionar en la misma frase las palabras “Franco” y “Muerte”).

Cuando, en cumplimiento de la Ley de la Memoria Histórica, se retiró la última estatua de Franco que quedaba en Madrid (una antigualla de aspecto funcionarial y nulo valor artístico, sita en un ala lateral de los Nuevos Ministerios) la conmemoración de la muerte de Franco perdió su escenario y se puede decir que hoy, desafortunadamente, muchos jóvenes no tienen ni idea de quién fue el dictador y, a menos que sean curiosos, tienen pocas posibilidades de formarse un retrato preciso de lo que fue el periodo de la Historia de España durante el cual Francisco Franco ejerció un mandato tan enemigo de los valores que cualquier persona de hoy defiende. Y digo desgraciadamente y digo bien, porque fueron muchos años los que los españoles estuvimos condenados “por la gracia de Dios” al sopor, a la mediocridad y al aislamiento de nuestros vecinos y hermanos europeos, para que se nos olvide y corramos el riesgo de volver a repetir una experiencia semejante.

Hoy, también ha muerto la duquesa de Alba, Cayetana Fitzjames, y muchos fontaneros digoooo cirujanos plásticos, habrán llorado su desaparición. También una legión de tertulianos mariquitas, de tertulianas lagartonas, de humoristas de los que hacen reir apelando a los bajos instintos (la chusma siempre se ríe del diferente) y, sorprendentemente, los medios austriacos han prestado alguna atención al fallecimiento de la buena señora. No en su calidad de muñeco de guiñol, pasto de todos los indeseables de los que hablaba antes sino, como no podía ser de otra manera tratándose de los medios austriacos, en su calidad de aristócrata de la más rancia nobleza española, con su nota rebelde (aunque la cara de ofidio que las operaciones le habían puesto a doña Cayetana las últimas operaciones, no muy afortunadas, tampoco ha escapado de la atención de los medios transalpinos).

El hecho de que un personaje español sea objeto de la atención de los medios austriacos es tan inusitado, que me he puesto a pensar en la lista de nuestros paisanos que son conocidos aquí. Se pueden contar con los dedos de las manos y, para muchos austriacos, ni siquiera está claro que los personajes que voy a nombrar sean españoles y les asocian alguna nacionalidad vagamente latinoamericana.

Españoles, españoles, lo que se dice españoles, son conocidos los reyes eméritos, Don Juan Carlos (el de los elefantes, añaden los que más han leido el Kronen Zeitung) y Doña Sofía. Tras estos, los actuales reyes, particularmente Doña Letizia, a la que los austriacos adoran. También es famoso Plácido Domingo (los austriacos se despiporran cuando les traduces el nombre “Ah, ¿Pero Plácido Domingo significa Ruhiger Sonntag?” y se mean, es que son como niños) –a Domingo muchos, por cierto, le asignan nacionalidad mexicana y, de hecho, el tenor devenido en barítono pasó su niñez en el país charro.

En los terrenos de la lírica también destaca Montserrat Caballé, a la que los melómanos adoran, aún en este, el ocaso de su vida y yo hago mucha propaganda de Penélope Cruz –que fue mi vecina-. Aunque, sin duda, entre la gente de una edad –particularmente entre el mujerío pre y postclimatérico- el español más conocido es Julio Iglesias el cual, en los setenta, particularmente a raíz de su participación en Eurovisión, fue “the sexiest man alive” para muchas europeas que se derretían al escucharle maltratar sus respectivos idiomas (lo mismo el francés que el inglés o el alemán, Iglesias habla cualquier idioma que no sea el suyo –bueno, el suyo también- con una singular falta de respeto por las reglas de la pronunciación lo cual, para muchas señoras, fue irresistible ensu momento y lo sigue siendo ahora).

Fuera de esos que acabo de nombrar, el famoserío patrio (“de la princesa altiva a la que pesca en ruin barca”) es para los austriacos un auténtico misterio. Hasta de Almodóvar hay que decir quién es. Que ya es decir.

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