Un análisis del negacionismo (10): la carrera de las noticias falsas por huir de la verificación

La industria de las noticias falsas (negacionismo, pero no solo) es una máquina que mueve millones. Los verificadores trataron de poner a la máquina en dificultades ¿Cuándo dejaron de ser una buena idea?

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14 de Diciembre.- Aún hoy, uno de los temas favoritos de conversación de aquellas personas que tienen una cierta cultura general, es la llamada Leyenda Negra o sea, todo el cúmulo de informaciones difundidas en lo que podríamos llamar „la época de la paleopropaganda“ (más o menos los cien años siguientes a la invención de la imprenta) por las potencias rivales del Imperio Español, al objeto de hacer parecer a sus gobernantes y a sus habitantes como gente bestial, cruel y atrasada.

Aquella propaganda fue, en su momento, tan eficaz, que aún hoy sigue surtiendo efecto y para muchos resulta todavía difícil identificarla como lo que fue: como una publicidad adversa destinada a subir la moral de las propias huestes e, incluso, una fe moderada o, por lo menos, un escepticismo elegante hacia esa leyenda negra (teñida frecuentemente de un matiz político determnado) se ha convertido en una de las marcas imprescindibles de cierto progresismo de buen tono.

LEYENDA NEGRA Y NEGACIONISMO: DOS FENÓMENOS SIMILARES

La Leyenda Negra tiene mucho en común con eso que hemos dado en llamar en esta serie de artículos „negacionismo“ (sobre todo, a falta de un nombre mejor).

Para esta parte de la serie me gustaría concentrarme en dos aspectos que, en mi opinión, son fundamentales:

-En primer lugar, que el negacionismo y la leyenda negra son fenómenos originados en un entorno de eclosión de una tecnología que ha cambiado la comunicación y, sobre todo, la velocidad de difusión de la información para siempre y

-En segundo lugar, que lo que podríamos llamar el modo de recepción de la información aprendido por la amplia mayoría de la población tiene enormes dificultades para oponer, tanto a la Leyenda Negra como al negacionismo una „leyenda blanca“ o, en nuestro caso, una „verdad científica sólida“ que se difunda con el mismo éxito que las patrañas negacionistas.

Centrándonos en el fenómeno negacionista, creo las causas de esto son varias:

Del lado del emisor de la información: en primer lugar hay que resaltar que la propaganda negacionista está construida de forma muy inteligente y sobre todo, muy „pulida“, muy afilada. El negacionismo cuenta con sus „cocinas“ para producir sus mensajes en donde se elaboran bulos continuamente, esos bulos se van puliendo y difundiendo entre los propios negacionistas hasta que alcanzan una „calidad“ en forma de una „verosimilitud“ que les permite salir al ámbito del mainstream. Al público en general.

Y eso es así, porque la verificación, como veremos más adelante, intentando oponer a la leyenda negra una „leyenda blanca“ ha arrinconado los mensajes negacionistas hacia espacios de internet fuera de control en donde la eficacia de los mensajes puede probarse y, por lo tanto, su efectividad puede ser aumentada.

Podríamos decir que, en ciertos sentidos, la existencia de verificadores ha sido un remedio que ha agravado la enfermedad misma (explicaré esto más tarde).

Del lado de los receptores de la información: resulta innegable que, lo mismo que con la leyenda negra en el siglo XVII, la disrupción en la manera de emitir y recibir mensajes que han supuesto las redes sociales han hecho que mucha gente pierda los mecanimos de verificación más o menos intuitivos que aprendió en „el mundo digital“.

¿TE FÍAS DE TUS AMIGOS?

Hay muchos factores que explican esta pérdida pero hay uno en particular que yo creo que es connatural a las redes sociales: la información que se recibe a través de ellas frecuentemente viene de nuestros „amigos“ de contactos más o menos próximos que actúan como lo que en marketing se llaman «prescriptores». Las noticias falsas se transmiten muy rápidamente y se transmiten sobre todo de persona a persona.

En un entorno en el que, además, los algoritmos propician que solo veamos trozos de información que buscan maximizar nuestro tiempo de navegación en las plataformas y, por lo mismo, los ingresos por publicidad de las empresas matrices (Meta -la antigua Facebook-, Google, etc).

La propia procedencia de la información (personas conocidas de nuestro entorno) y la creación de una „burbuja“ de opiniones parecidas a las nuestras que se retroalimentan con otras opiniones parecidas a las nuestras, produce el efecto perverso de eliminar de nuestro radar opiniones que no se encuadren dentro de ese espectro que nos resulta „agradable“ y, por lo mismo, que si alguna de esas noticias críticas logre romper el férreo círculo del algoritmo, nos resulte no solo extremadamente disonante sino también enormemente desagradable.

CUANDO LA VERIFICACIÓN DEJÓ DE SER UNA BUENA IDEA

Cuando lo que hemos dado en llamar negacionismo se desgajó de esa enorme sopa hirviente que supuso el universo conspiracionista de la era Trump, y cuyo modelo es el portal conspiranoico de extrema derecha Breitbart, aumentó también la presión de la sociedad civil o de los Gobiernos para que el oligopolio de las redes sociales „hiciera algo“ para combatir la desinformación y la intoxicación.

Empezaron a surgir entonces los organismos verificadores („newtral“ o „maldita“, en el ámbito hispanohablante, por ejemplo). Empresas que, casi inmediatamente, empezaron a ser calificados por sectores interesados como „censura“.

Pido al lector que no deje de tener nunca en perspectiva que la industria de las noticias falsas es un gran negocio que mueve millones de euros todos los años, a través de la monetización de contenidos en las plataformas digitales; una máquina de enormes proporciones que necesita contenido cuanto más viral mejor para no detenerse; las advertencias de verificación que, tímidamente, empezaron a colocar las redes sociales no hace aún tanto tiempo supuso, para esta gente, sobre todo, un daño financiero, de ahí la insistencia en la „censura“.

La verificación se implantó en las plataformas generalistas (Facebook y Twitter) y también se intentó en YouTube.

La plataforma de vídeos era y sigue siendo en buena medida, el canal ideal no solo para difundir las patrañas más inverosímiles, sino además y quizá mucho más importante, para la monetización de estos contenidos (creo que se insiste demasiado poco sobre esto), la cual retroalimenta la máquina de producir noticias falsas.

La presión sobre sus páginas de Facebook y Twitter provocó que los negacionistas se desplazasen a redes de mensajería instantánea (WhatsApp y Telegram, principalmente). El cifrado de estas plataformas y, sobre todo, el control de la privacidad de los mensajes las ha convertido en la „cocina“ ideal de los memes que, más tarde, una vez preparados para burlar los algoritmos (es fácil, basta por ejemplo con cambiar algunos caracteres alfabéticos por números o sustituir determinados términos por contraseñas -“Kakuna“ por „vacuna“ o „inocular“ por „vacunar“-) pasan al torrente circulatorio general de la información en internet.

Al cerrar Facebook sus puertas a los contenidos más radicales, los negacionistas se desplazaron a plataformas más pequeñas, como Rumble, Odysee o Bitchute. Twitter encontró sustituto en Parler.

El auge de Twitch ha permitido que muchos negacionistas puedan, no solo distribuir sus patrañas sin ningún control (más allá del de no utilizar vocabulario soez, que es detectado por los algoritmos) sino volver a ganar dinero con la desinformación, a través de una monetización nada despreciable de los contenidos.

Por último, los negacionistas se han hecho fuertes también en TikTok, apuntando hacia una audiencia mucho más joven y mucho más indefensa.

El siguiente capítulo: Tierra Pura, Epoch Times y su conexión con Médicos por la Verdad


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Comentarios

Una respuesta a «Un análisis del negacionismo (10): la carrera de las noticias falsas por huir de la verificación»

  1. Avatar de Eugenia
    Eugenia

    Esto es como la homeopatía…
    Cuando te dicen que las farmacéuticas ganan millones…
    Y los que venden remedios homeopáticos ¿los regalan?
    Te dan agua a precio de medicinas sin efectos secundarios y encima lo pagas tan a gusto.

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